martes, 30 de septiembre de 2014

La Migración a la tv digital: falta un plan serio



Después de más de cuatro años sin ocuparse del asunto, llegó para la AFSCA el momento de dar impulso a la televisión digital. La cercanía del plazo de 2019 para dejar de emitir en el antiguo sistema analógico y la inminencia acuciante del cambio de gobierno en 2015, precipitaron en las últimas dos semanas decisiones adoptadas a las apuradas para implementar un plan de migración a la tv digital con obligaciones impuestas por la Ley de Medios tan celebrada como incumplida.
Se percibe una cierta frustración y languidez en la cruzada “desmonopolizadora” y una necesidad de llevar alguna ofrenda al altar del cuarto aniversario de una norma tan idolatrada como denostada que hasta el presente se mostró incompetente  para concretar el cumplimiento de los fines que se propuso.
La televisión, como la recordamos quienes tenemos más edad que los servicios de cable, era una pantalla lluviosa, de baja definición que obligaba a piruetas en el techo para orientar la antena en dirección a la emisora que queríamos ver con mayor nitidez.   El campeonato mundial de fútbol de 1978 trajo el color (que en los hogares se comenzó a sintonizar desde 1980), ya había antenas colectivas en los edificios de las grandes ciudades, y en ese contexto cuatro o cinco canales en la capital y uno o dos en el interior del  país eran la fuente de información, cultura, y entretenimiento.
En los ochenta, la irrupción de los servicios de cable cambió totalmente el panorama. En los edificios porteños el conducto que traía el cable desde la antena de la terraza, invirtió su sentido y trajo un cable que era portador de señales electromagnéticas que nos permitían ver de modo correcto y sin interferencias los canales de aire e infinitas señales y sin darnos cuenta, todo cambió.  Una cuota mensual y el mundo en la pantalla.
Pero ese cable no fue el único, llegó otro que nos conectó con internet y otro más, transfigurado que compitió con él: el viejo cobre del teléfono. Enseguida servicios pagos que llegaban directamente del satélite a un decodificador casero.  Donde el cable terminaba y raleaba el tejido urbano, aparecieron  otros decodificadores terrestres que proveen también televisión e internet. Luego llegó  la independencia del cable físico, y el WiFi nos liberó de los cables en el hogar y en las plazas, y repentinamente las pantallas se unifican y la computadora,  el teléfono celular y el televisor del living transmiten en simultáneo y esa explosión de todas las pantallas en una, produce una revolución que proviene de las comunicaciones pero impregna de manera impresionante la vida cotidiana.
Ahora estamos frente a una nueva posibilidad: ver televisión abierta de altísima calidad, en forma directa y gratuita, sin necesidad de cable, ni de  pagar la cuota a ninguna empresa, en casa, en los medios de transporte y en el celular. Esas son las prestaciones de la televisión digital. Hará falta una importante inversión de los canales en equipamiento para transmitir en digital y mayor cantidad de antenas emisoras para garantizar la recepción en toda el área de cobertura.  Recién entonces, cuando las familias reemplacen los antiguos receptores analógicos, las emisiones completen su digitalización y la cobertura se convierta en universal, los usuarios dispondrán de un derecho más: podrán decidirse entre continuar con los servicios pagos con señales abundantes o mudar a la televisión abierta disponible en su lugar de residencia.   Párrafo aparte y pertinente es la incertidumbre que provoca la acelerada difusión de la banda ancha y la abundancia de contenidos audiovisuales en la web.

El Estado Nacional llevó a cabo una gran inversión, presta el servicio de manera despareja en todo el país pero su programación es tan sectaria como 6, 7 y 8. La TV digital hoy sólo sintoniza los canales estatales y las señales afines al gobierno que emite sin matices las mismas noticias todo el tiempo, y se encuentran en abierta violación a la ley vigente.  Machacan oficialismo mientras  reciben indiferencia y bajo encendido.
Hace unos años cuando el actual vicegobernador de la Provincia de Buenos Aires era el titular de la Afsca, se convocó a un concurso para más de doscientas frecuencias de televisión digital y fracasó. Se prometía diversidad y nuevos emisores, para lo cual se ofrecían segmentos de canales radioeléctricos con el estado como encargado de la transmisión.
Ahora se propone un sistema diferente: Un licenciatario de TV abierta al que se lo califica de “obligado”  será responsable de transmitir su programación digital y la de otros. Estos últimos, llamados “vinculados” compartirán su canal en otros segmentos disponibles y alcanzarían idéntica cobertura. Esta solución, aunque difícil de implementar, merece mi aprobación porque aunque el Estado disponga de recursos no sectarios para transmitir, la inversión necesaria para que los canales cabecera (u obligados) transmitan su propia programación se encuentra a su alcance y de hecho se está ya produciendo de manera experimental.
Sin embargo, el procedimiento adoptado por la mayoría oficialista del Directorio de la AFSCA para analizar y tomar las decisiones tendientes a implementar el nuevo sistema de televisión digital conserva la impronta prepotente de la conducción del gobierno. En efecto, durante meses desoyeron los pedidos de urgente tratamiento y aprobación del Plan Técnico de Frecuencias de Televisión Digital, formulados por los Directores representantes de la minoría parlamentaria, no obstante haber vencido largamente los plazos de la ley de medios.  Dicho plan que debe ser Nacional permitiría conocer el mapa de las frecuencias disponibles.   Transcurridos cinco años desde la creación del Sistema Argentino de Televisión Digital Terrestre, repentinamente, en soledad y “ab referendum” del Directorio, el Presidente Sabbatella avanza en el camino de poner en marcha su proyecto de Plan Nacional de Servicios de Comunicación Audiovisual Digitales, para lo cual, con una celeridad que afecta a un amplio y reflexivo tratamiento del tema más importante de los medios audiovisuales para los próximos años, convoca a una audiencia pública –en el mínimo plazo autorizado- que le permita convalidar sus decisiones mediante el Decreto Presidencial respectivo. En ese Plan se fijan las condiciones para que los actuales titulares de licencias de TV abierta que transmiten en analógico se reconviertan a la nueva tecnología antes del 2019.
El Plan del gobierno para la migración a la TV digital, asume la escasez de frecuencias en el Area Metropolitana Buenos Aires (compartidas obligatoriamente con el Uruguay) como una regla exportable al resto del país, lo que constituye un grave error técnico y político. Es llamativa la ausencia de un programa de recuperación de frecuencias dispuestas con anterioridad  para otros fines, lo que permite predecir que la escasez de espacio y los compromisos con frecuencias autorizadas por este mismo gobierno a entes públicos y educativos en todo el territorio nacional no permite predecir con optimismo que se producirán incorporaciones a la pantalla de los esperados nuevos actores entre los que se cuentan las Universidades Nacionales y las organizaciones sin fines de lucro.  Un cierto grado de escepticismo es provocado por la improvisación respecto de las tan ansiadas novedades que se prometieron con motivo del debate sobre la Ley de Medios Audiovisuales
La mayoría oficialista en Afsca, aprobó en el Directorio una llamada “Norma Nacional de Servicios para el Servicio de Comunicación Audiovisual de la Televisión Digital Terrestre” que en sus 11 artículos deja más interrogantes que certezas sobre las modalidades operativas del servicio y finalmente otorga a la autoridad de aplicación facultades discrecionales que someten a los futuros prestadores al sometimiento a la administración.
La norma técnica elegida por la República Argentina, ISDB-T, tiene ciertas fortalezas que no se encuentran explotadas por la normativa en camino de aprobarse sin el debido análisis técnico. Una de ellas es el one-seg: Este segmento estrecho del canal radioeléctrico se encuentra previsto para que cada canal emita una programación destinada a dispositivos portables, típicamente celulares inteligentes.  Ellos reciben la programación comprimida y formateada para que los dispositivos puedan captarla sin consumo de pulsos telefónicos, ni bytes de internet.  Este servicio solamente podrá ser utilizado por los actuales canales analógicos, obligándolos a emitir por ese canal diferente los mismos contenidos  que  en la televisión convencional.     Esto contradice la promoción de nuevos contenidos y el desarrollo de nuevos oficios y actividades en la industria audiovisual, así como nos aleja de niveles más altos de interacción entre los usuarios y los medios de comunicación.
Sin pretender agotar la problemática y mientras se postergan sine die las adecuaciones a la Ley,  debo lamentar en público la estrechez de la conducción del Afsca que lejos de comprometerse seriamente con el objetivo de inaugurar en Argentina un servicio de televisión digital terrestre, sólo busca una guirnalda para adornar el festival con que el 10 de octubre pretenden festejar el quinto cumpleaños de una ley que no termina de nacer.


por Marcelo Stubrin 
Director AFSCA
Una versión comprimida fue publicada en El Cronista del 30/09/2014

jueves, 1 de mayo de 2014

¿QUE ES LA POLITICA?

Ayer, hoy y mañana


Año 7. Edición número 308. Domingo 13 de Abril de 2014
Definiciones abundan y son accesibles para todos. Prácticas ejemplares escasean, por lo tanto vale la pena invitarlos a realizar una expedición a lo desconocido, un largo viaje que comienza en las sociedades primitivas y marcha plagado de incógnitas hacia el futuro.
Comenzó, este viaje, cuando el jefe de la tribu abusó por primera vez del poder que detentaba y alguien se rebeló, lo enfrentó y pugnaron. Una relación de mando y obediencia donde dos fuerzas desiguales y opuestas por el vértice pretendían mantener, cambiar o extinguir el poder que el Jefe había conquistado. Esa pudo haber sido la primera acción política. Ahí comenzó una larga marcha de miles de años, poblada de injusticias y esperanzas.
En ella, simplificando, hay un curso civilizatorio. Cada vez hubo más derechos y menos arbitrariedad. Pero no fueron lineales los avances, hubo gigantescos retrocesos como los del sangriento siglo XX en el que frente al estupor de un mundo orgulloso de sí mismo campearon las guerras, matanzas y salvajismos en la mayor parte del planeta.
Si estas líneas fueran una ópera, haría una obertura introductoria que termina el 10 de diciembre de 1983. Hasta entonces, frente al autoritarismo dominante, la política se define como lucha, rebeldía, revolución, cambio de régimen.
En la democracia, en cambio, predominan otros conceptos como diálogo, consenso, legalidad, instituciones.
La primera etapa de este viaje simbólico, conducida por Alfonsín, pudo demostrar que la dictadura se había ido para siempre y que una democracia republicana era posible en un país ensangrentado y rodeado de regímenes militares. Devolver los militares a su lugar, juzgarlos con las herramientas del derecho positivo, asegurar la paz con Chile, arbitrar el conflicto social, abrir la universidad, garantizar la independencia de los poderes: estos fueron los temas de época, una agenda exitosa que cumplió su cometido. Fue una Argentina rebelde y disconforme con el mundo y sus desigualdades que con modestia y energía se plantó frente a Reagan y el sistema financiero internacional. Pero el escenario económico impregnado de deuda externa, marcado deterioro de los términos del intercambio y demandas sociales insatisfechas, produjo un traumático final.
El paso siguiente fue peronista, contradictorio y con ritmos de farsa. Amagaron populismo y se adaptaron al mundo para convertirse en los mejores alumnos del modelo imperante. Conjugaron “apertura económica”, “convertibilidad”, “atraso cambiario”, “privatizaciones” y “corrupción”. Alardearon en campaña con nacionalismo malvinero y se convirtieron en aliados de la OTAN. El poder se ejerció optimizando el presente, con bajo compromiso con las consecuencias futuras de las acciones actuales. Como si fuera una constante del modo peronista de producción política, los tiempos buenos se consumen con las glorias de hoy con un cierto desparpajo sobre las consecuencias. Así fue que las medidas que debían adoptarse a mediados de la década se difirieron hasta el infinito. La explosión detonó durante el gobierno siguiente, pero la trama era la misma. Convertibilidad a ultranza como única respuesta. La política en esta etapa del viaje consistía en liderazgos que dejaran a los mercados y empresarios trabajar sin cortapisas, la riqueza ya iba a derramar. Y no derramó. Al contrario, el desenlace estremeció el país, disolvió su sistema de partidos y sumió en la pobreza a muy amplias capas de la población.
Pero la tormenta cesó y en la estación siguiente nos esperaba una prosperidad impensada, provocada por una combinación virtuosa de crecimiento exponencial de la demanda mundial de nuestros productos y de las capacidades productivas que ciertos sectores de la economía venían incubando laboriosamente a pesar del Estado y de las políticas públicas.
Le tocó a Néstor Kirchner –en esta etapa– conducir las dos naves insignias, la del Estado y la del peronismo. Ahí se produjo otra mutación, fuimos ricos, algo dispendiosos y gozamos excedentes presupuestarios, financieros y de comercio. Hubo un relato, no muy verdadero pero bien cantado. Los personajes idénticos, los argumentos diferentes, la imprevisión de siempre, el goce del poder que se consume hoy con desinterés por las consecuencias intertemporales. Pero el ciclo fue más largo de lo previsto, y ahora hay que corregir, nadie quiso ni pudo echarlos, así que ahora llegó la austeridad, que es como llaman en Europa al ajuste.
Lo que se conjuga para el reemplazo es “gestión”, “necesidades de la gente”, “comunicación”. Un conjunto de líderes adaptativos sin partido, lealtades, ideas ni programas, todos surgidos de las entrañas del Gobierno, del cual fueron sus mejores espadas.
Frente a todos ellos, una esperanza: algunos partidos políticos argentinos compatibles entre sí tienen coincidencias, programa, candidatos experimentados y un método: Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias. Pronto sabremos qué se conjuga en esa prometedora coalición, y quién será el conductor del navío en esta etapa del viaje. Lo que más hace falta es decencia personal y política para que las glorias de hoy sirvan mañana.
*Dirigente Unión Cívica Radical. Integrante del Directorio Afsca

QUE ES LA POLÍTICA? Publicado en Miradas al Sur

Definiciones abundan y son accesibles para todos. Prácticas ejemplares escasean, por lo tanto vale la pena invitarlos a realizar una expedición a lo desconocido, un largo viaje que comienza en las sociedades primitivas y marcha plagado de incógnitas hacia el futuro.
Comenzó, este viaje, cuando el jefe de la tribu abusó por primera vez del poder que detentaba y alguien se rebeló, lo enfrentó y pugnaron. Una relación de mando y obediencia donde dos fuerzas desiguales y opuestas por el vértice pretendían mantener, cambiar o extinguir el poder que el Jefe había conquistado. Esa pudo haber sido la primera acción política. Ahí comenzó una larga marcha de miles de años, poblada de injusticias y esperanzas.
En ella, simplificando, hay un curso civilizatorio. Cada vez hubo más derechos y menos arbitrariedad. Pero no fueron lineales los avances, hubo gigantescos retrocesos como los del sangriento siglo XX en el que frente al estupor de un mundo orgulloso de sí mismo campearon las guerras, matanzas y salvajismos en la mayor parte del planeta.
Si estas líneas fueran una ópera, haría una obertura introductoria que termina el 10 de diciembre de 1983. Hasta entonces, frente al autoritarismo dominante, la política se define como lucha, rebeldía, revolución, cambio de régimen.
En la democracia, en cambio, predominan otros conceptos como diálogo, consenso, legalidad, instituciones.
La primera etapa de este viaje simbólico, conducida por Alfonsín, pudo demostrar que la dictadura se había ido para siempre y que una democracia republicana era posible en un país ensangrentado y rodeado de regímenes militares. Devolver los militares a su lugar, juzgarlos con las herramientas del derecho positivo, asegurar la paz con Chile, arbitrar el conflicto social, abrir la universidad, garantizar la independencia de los poderes: estos fueron los temas de época, una agenda exitosa que cumplió su cometido. Fue una Argentina rebelde y disconforme con el mundo y sus desigualdades que con modestia y energía se plantó frente a Reagan y el sistema financiero internacional. Pero el escenario económico impregnado de deuda externa, marcado deterioro de los términos del intercambio y demandas sociales insatisfechas, produjo un traumático final.
El paso siguiente fue peronista, contradictorio y con ritmos de farsa. Amagaron populismo y se adaptaron al mundo para convertirse en los mejores alumnos del modelo imperante. Conjugaron “apertura económica”, “convertibilidad”, “atraso cambiario”, “privatizaciones” y “corrupción”. Alardearon en campaña con nacionalismo malvinero y se convirtieron en aliados de la OTAN. El poder se ejerció optimizando el presente, con bajo compromiso con las consecuencias futuras de las acciones actuales. Como si fuera una constante del modo peronista de producción política, los tiempos buenos se consumen con las glorias de hoy con un cierto desparpajo sobre las consecuencias. Así fue que las medidas que debían adoptarse a mediados de la década se difirieron hasta el infinito. La explosión detonó durante el gobierno siguiente, pero la trama era la misma. Convertibilidad a ultranza como única respuesta. La política en esta etapa del viaje consistía en liderazgos que dejaran a los mercados y empresarios trabajar sin cortapisas, la riqueza ya iba a derramar. Y no derramó. Al contrario, el desenlace estremeció el país, disolvió su sistema de partidos y sumió en la pobreza a muy amplias capas de la población.
Pero la tormenta cesó y en la estación siguiente nos esperaba una prosperidad impensada, provocada por una combinación virtuosa de crecimiento exponencial de la demanda mundial de nuestros productos y de las capacidades productivas que ciertos sectores de la economía venían incubando laboriosamente a pesar del Estado y de las políticas públicas.
Le tocó a Néstor Kirchner –en esta etapa– conducir las dos naves insignias, la del Estado y la del peronismo. Ahí se produjo otra mutación, fuimos ricos, algo dispendiosos y gozamos excedentes presupuestarios, financieros y de comercio. Hubo un relato, no muy verdadero pero bien cantado. Los personajes idénticos, los argumentos diferentes, la imprevisión de siempre, el goce del poder que se consume hoy con desinterés por las consecuencias intertemporales. Pero el ciclo fue más largo de lo previsto, y ahora hay que corregir, nadie quiso ni pudo echarlos, así que ahora llegó la austeridad, que es como llaman en Europa al ajuste.
Lo que se conjuga para el reemplazo es “gestión”, “necesidades de la gente”, “comunicación”. Un conjunto de líderes adaptativos sin partido, lealtades, ideas ni programas, todos surgidos de las entrañas del Gobierno, del cual fueron sus mejores espadas.
Frente a todos ellos, una esperanza: algunos partidos políticos argentinos compatibles entre sí tienen coincidencias, programa, candidatos experimentados y un método: Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias. Pronto sabremos qué se conjuga en esa prometedora coalición, y quién será el conductor del navío en esta etapa del viaje. Lo que más hace falta es decencia personal y política para que las glorias de hoy sirvan mañana.
*Dirigente Unión Cívica Radical. Integrante del Directorio Afsca


El 1 de mayo José Martí y La Nación

Para la historia del periodismo

José Martí, el diario La Nación y el 1 de Mayo

El 1 de Mayo no es un feriado más ni una fiesta. Lo estableció la Internacional Socialista en 1889 como jornada universal por las 8 horas de trabajo y en homenaje a los llamados "mártires de Chicago", Engel, Spies, Parsons y Fischer, ahorcados el 11 de noviembre de 1887. El patriota y literato cubano, José Martí, como periodista cubrió la noticia y su nota fue publicada por el diario La Nación de Buenos Aires el 1 de enero de 1888 y este es su relato. 
José Martí / Escritor, poeta y político cubano
José Martí, el diario La Nación y el 1 de Mayo
«Y ya entrada la noche y todo oscuro en el corredor de la cárcel pintada de cal verdosa, por sobre el paso de los guardias con la escopeta al hombro, por sobre el voceo y risas de carceleros y periodistas, mezclado de vez en cuando a un repique de llaves, por sobre el golpeteo incesante del telégrafo que el Sun de Nueva York tenía establecido en el mismo corredor... por sobre el silencio que encima de todos esos ruidos se cernía, oíanse los últimos martillazos del carpintero en el cadalso. Al fin del corredor se levantaba el cadalso.

–Oh, las cuerdas son buenas: ya las probó el alcaide.

El verdugo habla, escondido en la garita del fondo, de las cuerdas que sujetan el pestillo de la trampa.

–La trampa está firme, a unos diez pies del suelo...

No; los maderos de horca no son nuevos; los han pintado de ocre para que parezcan bien en esta ocasión; porque todo ha de estar decente, muy decente... Sí, la milicia está a mano; y a la cárcel no se dejará acercar a nadie... De veras que Lingg era hermoso...

Risas, tabaco, brandy, humo que ahoga en sus celdas a los reos despiertos. En el aire espeso y húmedo chisporrotean, cocean, bloquean, las luces eléctricas. Inmóvil sobre la baranda de las celdas, mira al cadalso un gato... Cuando de pronto, una melodiosa voz, llena de fuerza y sentido, la voz de uno de estos hombres a quienes se supone fieras humanas, trémula primero, vibrante en seguida, pura y luego serena, como quien ya se siente libre de polvos y ataduras, resonó en la celda de Engel, que, arrebatado por el éxtasis, recitaba El tejedor, de Enrique Heine, como ofreciendo al cielo el espíritu, con los dos brazos en alto:

"Con los ojos secos, lúgubres, ardientes,
rechinando los dientes,
se sienta en su telar el tejedor;
¡Germania vieja, tu capuz zurcimos!
Tres maldiciones en la tela urdimos;
¡Adelante, adelante el tejedor!
Maldito el falso Dios que implora en vano
en invierno tirano
muerto de hambre el jayán en su obrador;
¡En vano fue la queja y la esperanza!
Al Dios que nos burló, guerra y venganza.
¡Adelante, adelante el tejedor!
¡Maldito el falso Rey del poderoso
cuyo pecho orgulloso
nuestra angustia mortal no conmovió!
¡El último doblón nos arrebata,
y como a perros luego el Rey nos mata!
¡Adelante, adelante el tejedor!
¡Maldito el falso Estado en que florece,
y como yedra crece
vasto y sin tasa el público baldón;
donde la tempestad la flor avienta
y el gusano con podre se sustenta!
¡Adelante, adelante el tejedor!
¡Corre, corre sin miedo, tela mía!
¡Corre bien, noche y día!
Tierra maldita, tierra sin honor,
con mano firme tu capuz zurcimos;
tres veces, tres la maldición urdimos:
¡Adelante, adelante el tejedor!'

Y rompiendo en sollozos, se dejó Engel caer sentado en su litera, hundiendo en las palmas el rostro envejecido. Muda lo había escuchado la cárcel entera, los unos como orando, los presos asomados a los barrotes, estremecidos los periodistas y los carceleros, suspenso el telégrafo, Spies a medio sentar, Parsons de pie en su celda, con los brazos abiertos, como quien va a emprender vuelo.

El alba sorprendió a Engel hablando entre sus guardas, con la palabra voluble del condenado a muerte, sobre lances curiosos de su vida de conspirador; a Spies, fortalecido por el largo sueño; a Fischer, vistiéndose sin prisa las ropas que se quitó al empezar la noche para descansar mejor; a Parsons, cuyos labios se mueven sin cesar, saltando sobre sus vestidos, después de un corto sueño histérico.

–¿Oh, Fischer, cómo puedes estar tan sereno, cuando el alcaide que ha de dar la señal de tu muerte, rojo por no llorar, pasea como una fiera de alcaidía?

–Porque –responde Fischer, clavando una mano sobre el brazo trémulo del guarda y mirándole de lleno en los ojos– creo que mi muerte ayudará a la causa con que me desposé desde que comencé mi vida, y amo más que a mi vida misma, la causa del trabajador; y porque mi sentencia es parcial, ilegal e injusta.

–Pero Engel, ahora que son las 8 de la mañana, cuando ya sólo te faltan dos horas para morir, cuando en la bondad de las caras, en el afecto de los saludos, en los maullidos lóbregos del gato, en el rastreo de las voces, y los pies, estás leyendo que la sangre se te hiela, ¿cómo no tiemblas, Engel?

–¿Temblar porque me han vencido aquéllos a quienes hubiera querido yo vencer? Este mundo no me parece justo; y yo he batallado, y batallado ahora con morir, para crear un mundo justo. ¿Qué me importa que mi muerte sea un asesinato judicial? ¿Cabe en un hombre que ha abrazado una causa tan gloriosa como la nuestra desear vivir cuando puede morir por ella? ¡No, alcaide, no quiero droga; quiero vino de Oporto!–. Y uno sobre otro, se bebe tres vasos...

Spies, con las piernas cruzadas, como cuando pintaba para el "Arbeiter Zeitung" el universo dichoso, color de llama y hueso, que sucedería a esta civilización de esbirros y mastines, escribe largas cartas, las lee con calma, las pone lentamente en sus sobres, y una y otra vez deja descansar la pluma para echar al aire, reclinado en su silla, como los estudiantes alemanes, bocanadas y aros de humo. ¡Oh Patria, raíz de la vida, que aun a los que te niegan por el amor más vasto a la Humanidad, acudes y confortas, como aire y como luz por mil medios sutiles! "Sí, alcaide –dice Spies–, beberé un vaso de vino del Rin".

Fischer, cuando el silencio comenzó a ser angustioso, en aquel instante en que en las ejecuciones como en los banquetes todos los concurrentes callan a la vez como ante solemne aparición, prorrumpió iluminada la faz por venturosa sonrisa, en las estrofas de La Marsellesa que cantó con la cara vuelta al cielo... Parsons, a grandes pasos mide el cuarto..., vuélvese hacia la reja..., gesticula, argumenta, sacude el puño alzado, y la palabra alborotada, al dar contra los labios, se le extingue como en la arena movediza se confunden y perecen las olas.

Llenaba de fuego el sol las celdas de los cuatro reos, cuando el ruido improviso, los pasos rápidos, el cuchicheo ominoso, el alcaide y los carceleros que aparecen a sus rejas, el color de la sangre que sin causa visible enciende la atmósfera, les anuncian lo que oyen sin inmutarse, ¡que es aquélla la hora!

Salen de sus celdas al pasadizo angosto. "¿Bien?". "¡Bien!". Se dan la mano, sonríen, crecen: "Vamos".

El médico les había dado estimulantes. A Spies y a Fischer les trajeron vestidos nuevos; Engel no quiere quitarse sus pantuflas de estambre. Les leen la sentencia a cada uno en su celda; les ciñen los brazos al cuerpo con una faja de cuero; les echan por sobre la cabeza, como la túnica de los catecúmenos cristianos, una mortaja blanca; abajo, la concurrencia, sentada en hilera de sillas delante del cadalso, ¡como en un teatro!

Ya vienen por el pasadizo de las celdas, a cuyo remate se levanta la horca; delante va el alcaide, lívido; al lado de cada reo marcha un corchete. Spies va a paso grave, desgarradores los ojos azules, hacia atrás el cabello bien peinado, blanco como su misma mortaja, magnífica la frente; Fischer le sigue, robusto y poderoso, enseñándose por el cuello la sangre pujante, realzados por el sudario los fornidos miembros. Engel anda detrás a la manera de quien va a una casa amiga, sacudiéndose el sayón incómodo con los talones. Parsons, como si no tuviese miedo a morir, fiero, determinado, cierra la procesión a paso vivo. Acaba el corredor, y ponen el pie en la trampa; las cuerdas colgantes, las cabezas erizadas, las cuatro mortajas.

Plegaria es el rostro de Spies; el de Fischer, firmeza; el de Parsons, orgullo rabioso; a Engel, que hace reír con un chiste a su corchete, se le ha hundido la cabeza en la espalda. Les atan las piernas, al uno tras el otro, con una correa. A Spies el primero, a Fischer, a Engel, a Parsons; les echan sobre la cabeza, como el apagavelas sobre las bujías, las cuatro caperuzas. Y resuena la voz de Spies, mientras está cubriendo la cabeza de sus compañeros, con un acento que a los que le oyen les entra en las carnes; "La voz que vais a sofocar será más poderosa en el futuro que cuantas palabras pudiera yo decir ahora". Fischer dice, mientras el vigilante atiende a Engel: "Este es el momento más feliz de mi vida". "¡Hurra por la anarquía!", dice Engel, que había estado moviendo hacia el alcaide las manos amarradas bajo el sudario. "Hombres y mujeres de mi querida América...", empieza a decir Parsons... Una seña, un ruido, la trampa cede, los cuatro cuerpos caen a la vez en el aire, dando vueltas y chocando. Parsons ha muerto al caer, gira de prisa, y cesa; Fischer se balancea, retiembla, quiere zafar del nudo el cuello entero, estira y encoge las piernas, muere; Engel se mece en su sayón flotante, le sube y baja el pecho como una marejada, y se ahoga; Spies, en danza espantable, cuelga girando como un saco de muecas, se encorva, se alza de lado, se da en la frente con las rodillas, sube una pierna, extiende las dos, sacude los brazos, tamborilea; y al fin expira, rota la nuca hacia adelante, saludando con la cabeza a los espectadores».

miércoles, 5 de junio de 2013

LEY DE MEDIOS. Repertorio de Promesas Incumplidas. Foro de la Ciudad Club del Progreso 22/05/2013



La exitosa empresa de reconstrucción democrática iniciada en 1983, tenía una asignatura pendiente: la regulación de los medios de comunicación audiovisuales.
El anhelado propósito consistía en proveer normativas que fortalezcan la sociedad civil frente a la posibilidad de que la opinión pública pueda ser manipulada por los gobiernos o por las empresas privadas propietarias de los medios de comunicación.
La libertad de acceso a la información pública, descendiente directa de la libertad de prensa y de la anterior libertad de imprenta se encuentra en el corazón del plexo normativo de las llamadas libertades de primera generación integrando todos los textos constitucionales de las repúblicas democráticas. 
Frente a la tiranía y el autoritarismo oscurantista, es sencillo definirla, pero en la sociedad abierta y democrática se complejiza su interpretación sobre todo por el vertiginoso caudal informativo disponible, la incesante creación de nuevas plataformas de acceso y la disponibilidad de variada  información global en tiempo real que es consumida por cada vez más amplias  capas de la población del mundo. Todo esto ha dado lugar a nuevas interacciones que  algunos definen como una ciudadanía universal.
La libertad nunca celebra su consagración plena, siempre hay que estar atentos.
Los inquisidores que mandaban a la hoguera a los libros y sus autores, se reconvirtieron muchas veces en censores de opiniones diferentes, ya sea para servir a los aparatos de propaganda de las tiranías, a dictaduras prepotentes y autoritarismos de diverso pelaje. También acompañaron el colonialismo y otras formas más sofisticadas de control sobre los más débiles, ya sea a través de gobiernos, grupos económicos o elites políticas locales o multinacionales beneficiarias de la empresa colonial.
La metáfora subyacente del oscurantismo es que “la realidad” es lo que aparece en la portada de un diario, una revista o se reproduce en la pantalla de televisores de millones de hogares, sin embargo la historia se encargó de demostrar lo contrario: la verdad prevalece, la pantalla adicta dura poco, no puede sofocar la verdad que se construye en el saber de los hombres y mujeres que constituyen la sociedad. 
Los más grandes aparatos opresivos del Siglo XX han sucumbido y en su lugar han nacido sociedades más abiertas, que vuelven a sufrir amenazas que encienden nuevas alertas, lo que demuestra que libertad, democracia, república y garantías constitucionales son conquistas nunca definitivas que necesitan constante vigilancia y atención.
Este es el entramado en que se inscribe la necesidad de contar con una herramienta legal que, para los servicios abiertos al público en general, tales como la radio y la televisión, regule la disposición de un bien escaso: el espectro radioeléctrico, aunque teniendo en cuenta que esa escasez es cada vez menor, dados los adelantos tecnológicos que permiten una mayor participación en el uso de las frecuencias, sin interferencias. 
Allí conviven ondas electromagnéticas cuyo uso debe ser administrado teniendo en cuenta que constituyen una ancha avenida pero con límites precisos que cuando se extralimitan arruinan el sistema, se superponen y perjudican simultáneamente a quienes ejercen su derecho a emitir y a la inmensa mayoría cuyo objetivo es buscar y recibir informaciones, entretenimiento e ideas de toda índole por cualquier sistema a su elección, entre ellos, los medios audiovisuales.
Todos los países del mundo cuentan con servicios de radio y televisión sujetos a regulaciones que difieren en su rigurosidad, y en la Argentina, además, prevalecía un sistema caracterizado por la discrecionalidad del gobierno en la administración de las reglas sobre quienes podían ser propietarios de radios y canales de televisión.
La llamada ley 22285 impuesta por el General Videla el 15 de setiembre de 1980, a partir del retorno al sistema democrático fue objeto de diversas modificaciones parciales en su texto, tratando de aplacar en algún caso su rigorismo de base, pero, en realidad, no llegaron a ser más que parches sobre un texto doctrinaria y jurídicamente insostenible en la primera década del siglo XXI, circunstancia que enmarcada en la ruptura del gobierno con el campo, el voto adverso del Vicepresidente de la  República y el enfrentamiento con los medios nacionales, derivó, en la sanción por el Congreso Nacional de la Ley 26522, sancionada, promulgada y publicada con inusitada urgencia el día sábado 10 de octubre de 2009, pero que a más de 3 años continúa mayormente inaplicada.
Dicha norma, que mereció numerosas críticas de diferentes sectores políticos durante su tratamiento legislativo, también fue objeto de variadas impugnaciones a su constitucionalidad, por todos conocidas, no obstante lo cual, es la que rige en nuestro país, aunque están pendientes de consideración por la CSJN algunos artículos cuestionados, que según sea la opinión del Alto Tribunal puede hacer muy dificultosa la futura aplicación lisa y llana de la ley tal como se encuentra redactada. 
Sin perjuicio de que volvamos a considerar estos aspectos polémicos, considero necesario evaluar primero la norma en su conjunto, en aquellos aspectos que no han merecido reproches o que éstos no han sido atendidos por los magistrados encargados de evaluar su constitucionalidad.
No se puede más que coincidir con los Objetivos establecidos en el art. 3°. Con gran amplitud se expresa un consenso nacional acerca de los propósitos que deben inspirar a una legislación sobre estas materias, sin embargo es necesario formularse dos preguntas: la primera, sobre si el texto de la norma contribuye a concretar los objetivos propuestos o los dificulta; y la segunda sobre si el campo de aplicación permite abarcar de manera completa la materia bajo análisis.
Lamentablemente la respuesta a las dos preguntas es adversa al texto de la llamada Ley de Medios.
Para comenzar debemos enfocar las condiciones de desarrollo que la ley permite a los prestadores privados.  Su existencia, viabilidad y prosperidad constituyen una condición para que el sistema funcione y garantice de manera simultánea  diversidad y pluralismo.   Aquí apreciamos problemas, pues cualquiera sea el tamaño de la licenciataria de servicios de radio o televisión, se encuentra gravada por numerosas obligaciones que se convierten en serios obstáculos para el desarrollo de su actividad.  Estas cargas  pueden ser afrontadas por aquellos grupos de mayor poder económico y empresarial, pero no así por los pequeños prestadores actuales y/o los futuros a quienes desde el gobierno se denomina pomposamente como las “nuevas voces”, para quienes las obligaciones a asumir constituyen una “barrera de ingreso” imposible de sortear, primera contradicción evidente entre uno de los objetivos explícitos de la ley y el magro resultado que es palpable a más de 3 años de sancionada la norma.
Exigencias de toda índole, por ejemplo las referidas a los contenidos de la programación, que parecen constructivas a primera vista, se convierten muy pronto en escollos difíciles de superar para quienes se encuentran más distantes del área metropolitana y tienen una escala económica menor de la cual nutrirse, por ejemplo, a través de la publicidad generada en esas localidades.
Los altos porcentuales de producción local y propia impuestos para emisoras de radios y televisión se han convertido en un requisito de imposible cumplimiento, situación que al ser advertida por el organismo de control, derivó en la autorización a los medios para sustituir esas producciones locales por otras generadas por el Banco Audiovisual de Contenidos Universales Argentino (BACUA), perteneciente al gobierno nacional.
En cuanto a la segunda pregunta, la ausencia de un abordaje concomitante de las cuestiones referidas a las telecomunicaciones e Internet, convierten gran parte de las disposiciones de la Ley en insuficientes e ilusorias, dada la creciente y explosiva importancia de la red global como prestadora de servicios que comunican a las personas y hacen disponible para el público, generalmente de manera gratuita, la casi totalidad de los contenidos audiovisuales disponibles en el país y en el mundo.
Sin intención de agotar en el presente trabajo las múltiples cuestiones involucradas, trataré a continuación de realizar una síntesis de algunos asuntos que me parecen relevantes:
·       El primero que no cumple con la ley es el AFSCA. Numerosas disposiciones se encuentran pendientes de cumplimiento a pesar de los más de 3 años transcurridos desde su sanción. A título de ejemplo mencionamos que no se encuentran disponibles los registros de licencias y autorizaciones, mucho menos de accionistas de licenciatarias, que con el atraso administrativo en resolver cuestiones pendientes de hace años y los trámites de adecuación ahora impuestos, se llega al absurdo de que, si se desea saber quién es la persona licenciataria y sus integrantes, habrá que estar a la información que los propios medios brindan públicamente 2 veces por día, en sus emisiones; no se ha confeccionado la norma nacional de servicio con sujeción a las normas y restricciones técnicas que surgen de los tratados internacionales, de forma tal de poder tener un Plan Técnico de Frecuencias con el cual atender a los requerimientos de licencias por parte de particulares, y de autorizaciones por parte de organismos públicos, acrecentándose el desorden en el ingreso y uso del espectro.
·       La disposición que establece la intransferibilidad de las licencias es anacrónica y persecutoria para quienes invierten en medios de comunicación, contradictoria con la misión asignada al AFSCA de promover y estimular la inversión en el sector. Ninguna otra actividad económica padece esta condena a permanecer fuera del comercio durante la vigencia de la licencia, desalienta la inversión y genera desigualdades irritantes, llegando al absurdo de que los operadores de mayor tamaño, quienes exceden las licencias permitidas, pueden vender al adecuarse, mientras los de menor escala lo tienen prohibido y quedan sujetos al corralito impuesto de la intransferibilidad legal. Ni bancos, ni aseguradoras, ni prestadoras de servicios sensitivos o estratégicos para el abastecimiento de energía  o la defensa nacional, por citar algunas áreas trascendentes, tienen limitaciones tan extremas para su intercambio como lo tiene impuesto un simple operador de una radio FM localizada en cualquier lugar del país, el que recién puede transferir los derechos de su licencia en caso de muerte. El mensaje está claro, quien pretenda ejercer el derecho a tener un medio audiovisual debe saber que ese ejercicio se convierte en una decisión  inamovible y sus bienes en un “costo hundido” irrecuperable. ¿Qué nuevas voces pueden sentirse interesadas en participar de un emprendimiento en el cual una vez ingresado no podrán salir?  
·       Si bien las limitaciones establecidas para los servicios de radio y televisión que usan espacio radioeléctrico no se encuentran cuestionadas judicialmente, debemos efectuar algunos comentarios críticos.  El régimen vigente contempla la prohibición a los particulares de disponer más de 10 licencias nacionales con uso del espectro y no más de 3 en el orden local (una AM y dos FM), más una de TV por cable o abierta. Esta restricción aunque arbitraria y cuestionable, constituye una decisión del legislador con algunas consecuencias adversas a las que aludiremos más adelante, en cambio, de ninguna manera  es razonable la manda que prohíbe superar el 35% del total nacional de habitantes o de abonados al servicio, según el caso de abiertos o cerrados porque su definición se acerca al ridículo: una radio AM que transmite desde la Ciudad de Buenos Aires, puede ser escuchada por más del 35% de los argentinos, pero de hecho nunca el 35% de los habitantes se encuentra simultáneamente escuchando radio, mucho menos una emisora, así que –para evitar el ridículo- en la aplicación práctica que se quiere hacer ahora de la norma legal, se apela a diversas interpretaciones, por ejemplo, que ese porcentaje se refiere a la localidad donde se encuentra, como si las ondas se detuvieran en la General Paz y el alcance se adaptara a las divisiones jurisdiccionales del territorio.
·       Compartiendo el espíritu de evitar grandes concentraciones de medios en pocas manos, se advierte en la norma que el principal modo de ejecutarlo ha sido dificultar la existencia de redes nacionales.  Las redes nacionales existen en la  mayoría de los países del mundo, su competencia enciende la llama de la calidad de la información o demuestra la fortaleza plural de las democracias europeas donde las cadenas estatales predominantes son un ejemplo de pluralismo informativo, o mezclan ambas variantes de manera singular. Ahora bien, la más sabia combinación entre lo nacional y lo local no parece encontrarse en el arbitrario e injustificado límite de diez emisoras, además de contradecir de mala forma el insoslayable objetivo de afianzar la unión nacional mediante una sistema integrado de medios audiovisuales, restringiendo a un magro 35% el derecho constitucional a “buscar y recibir informaciones e ideas de toda índole por cualquier sistema a su elección”.  
·       Las “nuevas facilidades” que otorga la ley de medios decididamente no son suficientes para que los argentinos podamos ejercer nuestro derecho a elegir que escuchamos de manera simultánea en todo el territorio nacional. Un problema es que las redes que se presentan como nacionales difunden noticias locales del área metropolitana y no reflejan de manera equilibrada la complejidad y extensión de la vasta geografía humana de nuestro país.  Ahora bien las aludidas limitaciones no se disponen a resolver este problema, ni fomentan el desarrollo de alternativas más comprensivas del federalismo en los medios de comunicación, ni fortalecen el desarrollo y la escala de los medios locales y su integración  en redes alternativas que completen la disposición y el acceso a las más variadas ofertas de servicios audiovisuales de mayor calidad con reglas equilibradas de competencia.

·       El aparato estatal de propalación de información, en cambio, permanece tan incólume como sectario, exhibiendo contenidos que lejos de reflejar a la Nación, exhibe de manera casi pornográfica y exclusiva el punto de vista del Gobierno. No pudo ser más oportuna la publicación del libro de Silvia Mercado El inventor del Peronismo, Ed. Planeta, 2013, que recuerda las andanzas de Raúl Apold el artífice de la información pública del primer peronismo que asfixió a la sociedad argentina con un discurso uniforme, mediante la compra, el sofocamiento o la confiscación de todo el sistema nacional de radiodifusión. Mientras la prensa escrita fue perseguida por que no se les permitía la importación de papel y luego expropiado el diario La Prensa el 12 de abril de 1951, el que se puso a disposición de la CGT.  Sin pretender aludir a las evidentes analogías con la presente situación, ya que la sociedad y el mundo han evolucionado, y nuestra democracia de baja intensidad es significativamente más profunda que la de aquellos años de postguerra y guerra fría, vale la pena recordar un episodio que aunque tardío e insuficiente describe de un pantallazo la situación en esta materia. El primer peronismo, en la agonía que le provocó su encierro político, luego de diez años de condena a toda la oposición al “silencio de radio”, ofreció el micrófono de Radio Belgrano a Arturo Frondizi, entonces presidente del Comité Nacional de la UCR el 27 de julio de 1955, al igual que a otros representantes de la oposición, pero ya era tarde, el aparato comunicacional Orwelliano de nada sirvió para evitar el derrocamiento producido el 16 de setiembre de 1955. 
·       La pauta de publicidad oficial como instrumento de captación de voces.  El problema de la supervivencia económica de las empresas propietarias de los medios de comunicación no es una cuestión de interés de la microeconomía, es esencial para asegurar la independencia de criterios de miles de grandes y pequeñas unidades de prestación de servicios de comunicación audiovisual y de producción de contenidos, decenas de miles de trabajadores de la cultura se desenvuelven en la trama de estas organizaciones que contribuyen a dotar de voz pública a una nación extensa y multifacética como la nuestra.  Su viabilidad económica es central para la supervivencia del sistema y el esfuerzo público debe estar orientado a fortalecer a los más vulnerables. Esto no ocurre porque la combinación entre algunos aspectos de la ley, los compromisos sindicales que incluyen convenios colectivos de trabajo alejados de los avances tecnológicos y que tratan por igual a grandes empresas que a pequeñas emisoras barriales, el reglamentarismo operativo que se superpone con un sin fin de rituales y formalismos, tales como reiterados censos de los cuales nunca se conocen sus resultados, el requerimiento reiterado de información de todo tipo que cuesta elaborar al administrado, mucho más cuando el licenciatario es una persona física que intenta sobrevivir con una radio FM en un pueblo de provincia, pero jamás se procesa o se sabe qué se hizo con ella, son circunstancias que se han repetido año tras año, mucho más luego de la entrada en vigencia de la ley de medios y que los deja desamparados hasta que encuentran presidentes, gobernadores o intendentes que brindan su nada desinteresado resguardo, a cambio del elogio fácil y de transformarse ese medio en la base sobre la cual opera su carrera política el funcionario protector.-
·       Párrafo aparte merece el uso discriminatorio de estos recursos publicitarios que se utilizan de manera descarada al servicio de los grupos de medios adictos. En el Fallo de la CSJN en la demanda entablada por Editorial Perfil SA contra el ENA (Jefatura de Gabinete de Ministros – Secretaría de Medios de Comunicación), del 2 de marzo del 2001 se demostró que el medio periodístico recibía –y continúa recibiendo a la fecha- un tratamiento distinto respecto del flujo de publicidad oficial al que reciben medios de prensa escrita de aparentes similares características, como así también que la negativa de contratar publicidad por parte del Gobierno con Editorial Perfil era un hecho reconocido expresamente tanto en un informe producido por la propia Secretaría de Medios de Comunicación, cuanto en declaraciones públicas de su titular. Es tal el desinterés de los funcionarios del Estado Nacional en contratar publicidad con medios periodísticos que no sean claramente oficialistas, que ni siquiera se preocupan de fundamentar su arbitrario, discriminatorio y predatorio accionar ante el más Alto Tribunal de una república a la cual no dejan de socavar en sus bases en el diario ejercicio de sus cargos públicos.
·       Sin atender a la sentencia de la CSJN en el caso de Editorial Perfil, los tres niveles del gobierno, el nacional, el provincial y el municipal, compiten por usar de manera discriminatoria su publicidad oficial, volcando no ya preferentemente, sino con exclusión absoluta de ese aporte económico a  los medios críticos de sus gestiones, y el AFSCA lejos está de cumplir con la función asignada por el artículo 12, inciso 10) de la ley de velar por el desarrollo de una sana competencia entre los diversos medios de comunicación  y de prevenir y desalentar las prácticas predatorias. Desde hace un par de meses, a la exclusión de la publicidad oficial se ha sumado el liso y llano “apriete” del Secretario de Comercio para que también importantes anunciantes levanten campañas que con habitualidad venían contratando con medios críticos, tanto de la prensa escrita, como de los audiovisuales.
·       El tratamiento por parte de la Ley vigente de los “servicios de radiodifusión por suscripción con vínculo físico” es decir el sistema de cable, merece varios comentarios:
o      No se trata de emisores de contenidos de producción propia, ni utilizan espectro espacio radioeléctrico, son vehículos de transporte de señales (hoy esenciales para acceder a la televisión). Pueden competir libremente entre sí y el gobierno tiene capacidades para intervenir en la fijación del precio del servicio y en cierta cantidad de contenidos mínimos que deben ofrecer. Por lo tanto el énfasis puesto en el establecimiento de 24 localidades como máximo espacio de cobertura, junto al límite del 35% de los abonados, debe evaluarse críticamente. En efecto, no puedo dejar de compartir la preocupación por la existencia de un solo oferente en algunas regiones del país, para lo cual el sistema nacional de defensa de la competencia no se ha mostrado muy activo, tanto es así que ni siquiera se ha integrado el Tribunal ordenado por la Ley 26156.
o       Su problemática se encuentra en las vecindades de la gran cuestión pendiente sobre las telecomunicaciones, pues su fortaleza consiste en que pueden brindar, además, servicios de telefonía fija e Internet. Es decir que tendido un sistema de cable, las señales de televisión (mediante las tecnologías digitales disponibles) dejan libre un amplio espacio para otras prestaciones que se encuentran fuera de las regulaciones de la Ley de Medios pero resultan de estratégico interés nacional. Ahora bien, por razones precedentes las empresas proveedoras de telefonía básica que también pueden proveer servicios de cable e Internet, tienen prohibido dar señal de cable por el pliego de privatización de comienzos de los años 90, aunque son prestadoras de dos tercios de los servicios de Internet por red y de telefonía celular en la Argentina y del 90% de la telefonía fija, lo que no ha sido considerado como una afectación a la libre competencia, en virtud de tipificar claramente una posición dominante.
o       Ha llegado el momento de comenzar con un debate que trasciende la Ley de Medios Audiovisuales, pero que impacta sobre ella. Servicios de Internet de mayor calidad son requeridos por los usuarios argentinos, a la luz de los que se prestan en el resto del mundo.  Aquí hay competencia dentro de cada plataforma y entre las plataformas disponibles: satelital, redes de fibra óptica, redes telefónicas y telefonía móvil.
o      Resta decir que la existencia de los servicios de televisión domiciliaria por cable o digital han permitido el acceso a señales de todo tipo y origen que han modificado totalmente la pantalla y ampliado la exigencia cultural e informativa del público a lo largo y ancho del país, que no debe frenarse, ni mucho menos limitarse, sino ampliarse en cantidad y calidad de prestación. Su libre disposición contrasta con las restricciones impuestas a las empresas de cable que tienen la obligación de tener una señal de producción propia, el llamado “canal local”, pero contradictoriamente la ley de medios determina que no pueden tener canales de TV abiertos.  Mientras las empresas internacionales que tienen en sus países de origen canales de TV abierta al mismo tiempo que una o más señales de diferentes contenidos concurren al mercado argentino y ofrecen paquetes de señales múltiples de libre acceso para el público por integrar la grilla de los sistemas de TV por cable y satelital, compitiendo en el mercado publicitario argentino con empresas nacionales de TV abierta y otras señales nacionales que también integran las mismas grillas, pero que no pueden tener vinculación empresaria entre ellas, sin que se sepa la razón de esa prohibición legal, que favorece a extranjeros y perjudica a los nacionales.
·       Las condiciones requeridas para ser titular de licencias, también merecen comentarios por el énfasis puesto durante el debate de la ley y los resultados elusivos del mismo. En efecto, el art. 25 prohíbe a empresas extranjeras ser titulares de servicios de comunicación audiovisual. Mucho énfasis nacionalista se puso en juego en este debate que se convirtió en una estafa a quienes votaron el proyecto creyendo que así era, mientras se  preparó una celada a través de excepciones establecidas en la propia Ley, inclusiones subrepticias en los decretos reglamentarios y tratados internacionales y la vigencia de las adjudicaciones anteriores a la sanción de la nueva Ley.  En cuanto a la disposición que establece que no es admisible la persona física o jurídica que sea propietaria de más del 10% de prestadoras de servicios públicos, se reprodujo idéntico procedimiento: Obtuvieron votos del parlamento favorables a la ley arguyendo que la prohibición incluía a las empresas prestadoras de telefonía básica, lo que hasta ahora desmienten con artilugios.  Son éstos, otros aspectos en la aplicación de la ley de medios en el que aparece palmaria la contradicción del gobierno entre su “relato” y el accionar efectivo.                                          
·       El sistema de adecuaciones para quienes se encuentran excedidos en las disposiciones referidas a la multiplicidad de licencias: En esta materia se exhiben de manera palmaria las inconsistencias del modelo vigente, pues la combinación de factores incidentes ha puesto en contradicción el discurso sobre la ley con la realidad del mapa actual de los medios de comunicación, ya que mientras algunos aprovecharon para violar el régimen de intransferibilidad de las licencias, en otros casos la realpolitik los lleva a reconocer “derechos adquiridos” de licencias otorgadas durante la vigencia de la ley anterior o a admitir procesos de desinversión que constituyen reorganizaciones al interior de los mismos grupos empresarios, de manera que finalmente como en Il Gatopardo, los cambios no fueron tantos, ni tan significativos, como para que todo siga igual, sin pensar que, con ello, estarán sentando precedentes que de manera objetiva redundarán en beneficio de quienes pretenden perjudicar. 
·       En términos institucionales el organismo de aplicación conserva las rutinas heredadas del anterior régimen, incumple la mayor parte de los nuevos requisitos de transparencia impuestos en la Ley 26522, admite la existencia de regímenes que se encuentran por fuera de la Ley como la Televisión Digital Abierta que maneja a su antojo el Ministerio de Planificación Federal, es decir no lucha por sus competencias esenciales. Su presidente, a estar por su informe de gestión al cabo del primer semestre, emitido en Paraná el mes de abril pasado, cuando enumera sus acciones en el primer semestre de gestión, no hace otra cosa de exponer al ridículo a sus antecesores, al dejar en claro los graves incumplimientos de las autoridades que lo precedieron y, simultáneamente  hace caso omiso a sus propios incumplimientos. Es de destacar la llamativa circunstancia de que en las dos últimas sesiones del Directorio entraron y salieron significativos proyectos de adecuación de grupos relevantes, sin explicación institucional alguna, lo que permite dudar acerca de donde, cuando y quienes tienen autoridad para adoptar las decisiones más relevantes.
·       Sin contar con un plan técnico, del cual se derive un espectro radioeléctrico que indique las frecuencias disponibles para cada servicio, sobre el cual se incluyan las emisoras que ya están operando legalmente, el AFSCA ha autorizado cientos de licencias de emisoras de baja potencia para municipios e instituciones que a la fecha no se encuentran emitiendo, y por evidentes cuestiones presupuestarias es difícil saber cuándo estarán en factibilidad de hacerlo,  lo que constituye otro aspecto pintoresco de la realidad virtual del “relato mediático” a que aluden quienes piensan que el nuevo régimen multiplica las voces.
Para terminar es necesario poner en contexto la actual realidad.
Un gobierno que prometió democratizar los medios de comunicación, que puso en marcha ingentes recursos públicos para lograrlo, que en una batalla contra reloj impulsó en el Parlamento un proyecto de ley contra propios y extraños, con el fin desviado de enfrentar a un grupo empresario considerado “el enemigo público”, sin tomar en cuenta los daños colaterales que tal guerra produciría, al promediar el año 2013 asiste a un nuevo fracaso.  Mientras quienes nada tenían que ver con “el monopolio”  o, lo que es peor, los que eran desde hace años sus  competidores en diferentes lugares del país han tenido que comenzar a adecuarse, sinónimo de reducirse, el gobierno se encuentra a la espera de un fallo de la Corte que refrende o inutilice un instrumento legal polémico que vacila entre confrontar con la realidad o adaptarse a ella negándose a sí mismo. 
Es urgente cambiar el enfoque, concentrarse en las telecomunicaciones, superar los atrasos que se aprecian, que vienen de la ley de la dictadura y se han consolidado con mayor dureza en el presente y considerar lo central de la problemática: la lucha política debe tener por objeto el fortalecimiento del sistema democrático a través del respeto por las instituciones republicanas y este tiempo ha demostrado que sólo podrá realizarse con un sistema de medios cuya regulación comience con la liberación de la tutela paternalista del gobierno de turno.
El último párrafo de esta parábola que recorrió ciertos aspectos del régimen de los medios de comunicación debe ser para que se comprenda que antes que nada, la prioridad más absoluta es la práctica de la libertad.  Dijo Dalmacio Velez Sarsfield cuando se discutió en la Legislatura de la Provincia de Buenos Aires el art. 32 de la Constitución Nacional  “Sin la absoluta libertad de imprenta, no se puede crear hoy el gran poder que gobierna a los pueblos y dirige a los gobernantes: la opinión pública.  Sólo la libre discusión por la prensa puede hacer formar el juicio sobre la administración o sobre los hechos políticos que deban influir en la suerte de un país.”